Me llaman distraída, soñadora y torpe. Pero tú puedes llamarme...

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Todos y cada uno de nosotros tenemos dos caras, si no son más. Ewinor es mi segunda cara desde hace siete años. Siete años en los que he nacido, he crecido, he muerto y he vuelto a nacer, gracias a escribir, gracias a este blog donde se encuentra mi esencia, donde desnudo mi alma en cada frase; mi yo más oscuro, más pesimista, más tierno, más fuerte y por qué no decirlo, mi yo preferido. Siete años que me han hecho más fuerte y un poco más rara, si cabe. Éste es mi rincón secreto que por alguna razón siempre he querido compartir. ¿Y yo, qué soy? Yo soy todo lo que escribo, y lo que escribo es lo que soy.

31.3.15

La cadena del frío

Era una noche cualquiera de un día cualquiera. Tercera visita al frigorífico con el inútil objetivo de intentar disfrazar su insomnio. Vacío, como siempre. Realmente no sabía por qué lo hacía o qué esperaba encontrar ahí que antes no estuviese. Quizás era que le costaba acostumbrarse a verlo así y esperaba volver a encontrárselo lleno como lo había estado hacía unos meses; rebosante de vitalidad y color, fresco y… luminoso. Porque ya ni su pequeña bombilla funcionaba. Ya no había luz, en su interior solo había espacio para la oscuridad.

Tenía incluso la sensación de notarlo cada vez más frío. Una capa de duro hielo comenzaba a acumularse en sus paredes. De hecho, juraría que era el doble de gruesa que la semana pasada. Recordó entonces, unas palabras de su madre “limpia la nevera de vez en cuando y evita abrirla y cerrarla constantemente”. Puede que tuviese razón. Al fin y al cabo, las madres siempre la tienen.

Desenchufó el frigorífico y decidió esperar frente a él hasta que no quedase ni un ápice de hielo. Mañana por la mañana se habría armado con el suficiente valor como para ir a hacer la compra.


Ewinor

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