Me llaman distraída, soñadora y torpe. Pero tú puedes llamarme...

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Todos y cada uno de nosotros tenemos dos caras, si no son más. Ewinor es mi segunda cara desde hace siete años. Siete años en los que he nacido, he crecido, he muerto y he vuelto a nacer, gracias a escribir, gracias a este blog donde se encuentra mi esencia, donde desnudo mi alma en cada frase; mi yo más oscuro, más pesimista, más tierno, más fuerte y por qué no decirlo, mi yo preferido. Siete años que me han hecho más fuerte y un poco más rara, si cabe. Éste es mi rincón secreto que por alguna razón siempre he querido compartir. ¿Y yo, qué soy? Yo soy todo lo que escribo, y lo que escribo es lo que soy.

17.11.15

Like the angel you are

Ahí está él, con la mirada brillante y suspirando por una vida viceversa que tan pronto le esboza una sonrisa como le apuñala sin piedad. Pero se niega a caer, se mantiene fuerte para que yo aguante. Ese ser apaciguador, hermoso, resplandeciente, lleno de luz y de vigor. Vestido de un inmaculado azul, con la mirada pura y cristalina, dulce y segura.

Él es el ángel que me recoge cuando tropiezo y me caigo, él es al mismo tiempo, amante, hermano y padre.

Sus respuestas tienen forma de sonrisa y desprenden humildad y sosiego en tiempos repletos de ira y dolor. Él me escucha, me entiende como yo a mí misma, y me mira con dulzura y fraternidad porque sabe escuchar eso, esto y aquello y no mostrarse indiferente ante cualquier problema que me afecte. Sus palabras son sinceras, habla, piensa y actúa con el corazón, sin miedos, sin escondites.

Mi ángel no me juzga, ni me mira con desprecio aun sabiendo que no hago bien. Me conduce con cariño y me enseña. Me protege como el padre a su pequeña niña, porque todo en él es luz divina. Me ofrece y regala sin esperar nada a cambio, me abraza aún cuando, sin decirlo, siente que lo necesito. 

Sabe estar, sabe aprender y enseñarme lo que significa ese sentimiento que se me hacía desconocido. Me da la mano y entramos en su mundo, donde guarda las llaves del mío, que ahora le pertenece porque ha pasado a formar la parte más importante de él.

Y recibo su sosiego y su calma. Su dulzura que me calma como una medicina milagrosa calma a un enfermo, y la tristeza se me apaga, y las lágrimas se secan. Así, lo que creía deja de ser real y lo que existía y estaba a mi alrededor deja de existir, desaparece. Porque él es mi ángel, mi amigo y la mitad de mi alma.

No vuelvas al cielo y quédate conmigo.


Esther