Me llaman distraída, soñadora y torpe. Pero tú puedes llamarme...

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Todos y cada uno de nosotros tenemos dos caras, si no son más. Ewinor es mi segunda cara desde hace siete años. Siete años en los que he nacido, he crecido, he muerto y he vuelto a nacer, gracias a escribir, gracias a este blog donde se encuentra mi esencia, donde desnudo mi alma en cada frase; mi yo más oscuro, más pesimista, más tierno, más fuerte y por qué no decirlo, mi yo preferido. Siete años que me han hecho más fuerte y un poco más rara, si cabe. Éste es mi rincón secreto que por alguna razón siempre he querido compartir. ¿Y yo, qué soy? Yo soy todo lo que escribo, y lo que escribo es lo que soy.

24.1.17

Tablero de ajedrez

« Mientras no elijas, todo sigue siendo posible. »

Me encuentro en ese punto de la partida en el cual, no mover ficha es la mejor y más inteligente de las opciones. La reina no se quiere mover y arriesgarse a alterar la partida, porque ¿qué pasará si se mueven las fichas? Habrá un final único y el resto de opciones se esfumarán, desaparecerán para siempre y ya no habrá vuelta atrás. 

Cada movimiento lleva a otro, que a su vez elimina otras tantas oportunidades que pudieron haber cambiado el curso de mi historia.

No quiero tener que plantearme qué hubiera pasado si la estrategia hubiese sido otra. Quiero jugar todas las opciones y vivir diferentes finales. Quizá lo más lógico sería advertir con un jaque y tratar de vencer más adelante, o dejarlo en tablas, donde todos los finales siguen siendo perfectamente válidos, y así, poder iniciar una nueva partida. Pero, ¿qué pasaría si me venciesen?

¿Y si quiero que el Rey me coma?


Ewinor

19.1.17

Locura

El ser humano con capacidad de raciocinio, es aquel capaz de controlar su locura.

Mi corazón parece haber declarado la guerra a mi cerebro. Todo por el dominio de mi alma, dividida en tantas piezas como cartas que hace tiempo pasaron a ser tan solo un montón de ceniza. “Por buscar no pierdes nada” te dicen. Y mienten. Pierdes tiempo, perdemos cordura.

Esta demencia me persigue incluso al cerrar los ojos, transformando mis sueños en una espiral que no acaba nunca de girar conmigo dentro. Persigue mi paz y mi salud mental, si es que todavía me queda un ápice. Nunca me he sentido tan enferma como cuando siento, por un momento, que no pienso, que me he ido, que ya no pertenezco a este mundo y que la razón juega conmigo y me encadena a la locura.

En momentos como ése, es cuando verdaderamente siento miedo, cuando ningún ángel ni acto de bondad me invita a quedarme en la tierra, cuando un error o un paso mal dado puede arrebatármelo todo. Y lo hará. Lo hará porque en el fondo mi demencia quiere que así sea. Y como esclava de ella que soy –que somos- no añoro un camino más justo que como destino tenga entre las yemas de mis dedos la cordura.

Qué importa morir loca o morir sin haber pensado. Aunque no me creáis, piensa más el loco que ha elegido serlo que el más cuerdo de todos que ni siquiera se ha parado a pensar nunca por qué razón perder la cordura.

¿Y por qué perder la cordura? ¿Y por qué no hacerlo? ¿Qué ha hecho por ti la cordura? Tan solo decisiones estúpidas que no llevan a nada. Cuando tomas una decisión, eliminando así, cualquiera de las otras posibles posibilidades, habrías dado cualquier cosa por saber qué hubiese ocurrido si hubieses elegido otra.


Somos esclavos de nuestra propia mente, nos jactamos de ser grandes pensadores y tan solo somos una panda de ignorantes. Porque la verdad universal nos queda muy grande. No hemos nacido para dominar por completo el mundo, solo para pensar que lo hemos dominado.


Ewinor