Me llaman distraída, soñadora y torpe. Pero tú puedes llamarme...

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Todos y cada uno de nosotros tenemos dos caras, si no son más. Ewinor es mi segunda cara desde hace siete años. Siete años en los que he nacido, he crecido, he muerto y he vuelto a nacer, gracias a escribir, gracias a este blog donde se encuentra mi esencia, donde desnudo mi alma en cada frase; mi yo más oscuro, más pesimista, más tierno, más fuerte y por qué no decirlo, mi yo preferido. Siete años que me han hecho más fuerte y un poco más rara, si cabe. Éste es mi rincón secreto que por alguna razón siempre he querido compartir. ¿Y yo, qué soy? Yo soy todo lo que escribo, y lo que escribo es lo que soy.

14.3.13

Este texto lleva tu nombre

Hoy me he mirado al espejo por la mañana y he descubierto una chica que suma años, y también algo de desamor en su mirada. Me he vuelto a mirar antes de olvidar en la oscuridad, como cada día, ese espejo; y he descubierto una luz azul que a mis ojos asomaba. 


Porque también ha habido amor; amor de trenes que hacen más cortas las distancias; amor entre cadenas; amor sin fin y sin pedir nada.

Pero sobre todo he visto de qué estoy hecha; lo que desde mi alma aflora y se refleja en el espejo a través de mi mirada. Solo entonces, a la pálida de luz de un perezoso día que asoma entre nostalgias, me he dado cuenta por fin, de que estoy hecha de trozos de ti, de mil inviernos de fría luz que lucha por no perder la esperanza. Estoy hecha de noches de angustia, todas esas que tú has pasado; de mil enojos de niña que quería congelar el tiempo y encerrarlo en una jaula.

También estoy hecha de miedo, ese que a veces a ti te gana; y de mil mañanas de gloria, esas mañanas de sábado consumidas entre sábanas blancas. De todos esos pedazos se compone ahora mi vida; una vida que se alimenta de las horas que me regalas.

Por eso si tú te vas, a mi no me quedará ya nada. Si pierdes la esperanza, si te cansas y dejas de respirar, solo me queda emprender el vuelo y esconder tras tu huida mi mirada.

No destruyas los sueños azules, el tic tac de los relojes y cien suspiros caprichosos que asoman entre olor a chocolate, de ventanas que se abren al mundo y de paseos que siempre quedan en promesas.


Ewinor

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