Me llaman distraída, soñadora y torpe. Pero tú puedes llamarme...

Mi foto
Todos y cada uno de nosotros tenemos dos caras, si no son más. Ewinor es mi segunda cara desde hace siete años. Siete años en los que he nacido, he crecido, he muerto y he vuelto a nacer, gracias a escribir, gracias a este blog donde se encuentra mi esencia, donde desnudo mi alma en cada frase; mi yo más oscuro, más pesimista, más tierno, más fuerte y por qué no decirlo, mi yo preferido. Siete años que me han hecho más fuerte y un poco más rara, si cabe. Éste es mi rincón secreto que por alguna razón siempre he querido compartir. ¿Y yo, qué soy? Yo soy todo lo que escribo, y lo que escribo es lo que soy.

10.2.13

Carta jamás escrita


<< En un ataque de sinceridad diré, que no he sido honesta conmigo misma. He tratado de esculpir tus labios en otros besos, he errado al buscar copos de nieve en tormentas de arena, me declaro culpable de intentar rallar mis memorias de diamante con botellas de cristal.

La conciencia es mala compañera, arrepentirse es motivo de hacerlo. No hallé razón para intentarlo una vez más, pero tampoco argumentos sólidos para no hacerlo. La vida es una teoría que me dio mil ejemplos, pero sólo un camino para resolverla. Si bien el tiempo ha pasado a ser etéreo, el reloj no ha dejado de recordarme el tiempo que llevo sola.  Es una soledad que me acompaña siempre, a pesar de verme rodeada de personas que pelean por sacar una sonrisa a mis labios.

Percibo que el amor es tan ambiguo como la vida y tan irrepetible como la muerte, no entiende de sinónimos, ni de intentos frustrados. El amor es o no es. Y esta dualidad es extrapolable a las personas que lo padecen; yo fui, tú no. Es como el cuento eterno que escucho antes de irme a dormir. No sé por qué sigo empeñada en buscar un final feliz, cuando ni siquiera hubo un principio. Fue un espejismo, en la balanza pesaban más las intenciones que la realidad, fue un pellizco pícaro del destino. Y entre el antes y el después me perdí a mí misma, el rumbo de aquella historia lo llevabas tú al timón de mis latidos.

Soy consciente de que ya no duele, pero al pasar la mano sobre mi pecho, aún lo noto áspero, y mis venas aún andan de resaca. Y si me molesta la lluvia no es por mojarme, es porque no veo el sol. Si no sonrío es porque no me apetece, si miro con desprecio el 14 de febrero y las rosas me hacen cosquillas es porque no tengo ganas de amar. >>

Esta es la carta que jamás leerás, la carta por la que no derramarás ni una sola lágrima y la que nunca, nunca, te obligará a esperar de madrugada a que la última estrella del cielo deje de brillar al salir el sol.

Porque mi pluma no empuñará en la vida estas palabras, porque entre cada letra que las forma, se esconde una mentira.


Ewinor

2 comentarios:

Irene. dijo...

"Arrepentirse es motivo de hacerlo."
Dios, amor total y absoluto hacia esta entrada.
Echaba de menos ésto.
¡Eres increíble!

Ewinor dijo...

Tú eres amor <3