Me llaman distraída, soñadora y torpe. Pero tú puedes llamarme...

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Todos y cada uno de nosotros tenemos dos caras, si no son más. Ewinor es mi segunda cara desde hace siete años. Siete años en los que he nacido, he crecido, he muerto y he vuelto a nacer, gracias a escribir, gracias a este blog donde se encuentra mi esencia, donde desnudo mi alma en cada frase; mi yo más oscuro, más pesimista, más tierno, más fuerte y por qué no decirlo, mi yo preferido. Siete años que me han hecho más fuerte y un poco más rara, si cabe. Éste es mi rincón secreto que por alguna razón siempre he querido compartir. ¿Y yo, qué soy? Yo soy todo lo que escribo, y lo que escribo es lo que soy.

16.3.12

Luna

No sé cómo empezar esto, lo único que sé es que no quiero acabar. Pero nada es para siempre. Ojalá pudiera tenerte entre mis brazos eternamente, ojalá pudiera seguir viendo esos ojos tuyos perfilados por un negro intenso. Ojalá pudiese seguir acariciando tu pelo, rascarte el lomo y ver cómo movías las patas traseras a consecuencia de las cosquillas. Ojalá pudiese una vez más llenarte de besitos y acariciarte las orejas, y ver cómo mi madre nos chillaba a ambas por hacer eso. Ojalá pudiese volver a ver esos dientes de marfil.

Te quiero más de lo que he querido y querré a muchas personas. Eres lo más bonito que he tenido, quiero seguir pensando que estás ahí, quiero poder engañarte una vez más por la noche con una de tus cucas y atraerte hasta mi habitación como tantas veces hice para poder dormir contigo, que subas a mi cama, taparte con las sábanas para que no cogieras frío, ver cómo apoyabas tu cabecita en la almohada y abrazarme a ti. Dormirnos así y que las agujas del reloj se paren, que el tiempo se detenga para siempre.

No puedo dejar de pensar que deberías estar aquí, que todavía no era tu hora, que te quedaba media vida por vivir. Miles de peluches por quitarme. Miles de lametones por darme por toda la cara. Miles de sonrisas, infinitos segundos de felicidad.

Sé que nunca más voy a poder estar contigo, sentir tu calor, tu suavidad y eso me destroza por dentro, tu ausencia me perfora el pecho como un puñal de hielo. Me da la sensación de que voy a estar llorando toda la vida.

Nunca más podré ver cómo al llegar a casa y entrar en mi habitación la cama que antes estaba perfectamente hecha tenía las sábanas retiradas porque tú te habías metido dentro mientras no había nadie en casa y luego nos mirabas con esos ojillos de "yo no he sido".

No sé qué voy a hacer cuando esté triste por cualquier cosa y mi única alegría del día sea poder estar contigo llorando y acariciándote. Y darte las gracias después rascándote la tripita cuando te ponías boca arriba.

Daría lo que fuera por verte una vez más, por decirte lo mucho que te quiero y lo mucho que te voy a echar de menos. Daría lo que fuera por darte un beso y un abrazo enormes. Eres lo más grande que me ha podido pasar. La felicidad envuelta por una mata de pelos negros, castaños, cobrizos y blancos. Te llevas una parte muy importante de mí.

No sé qué voy a hacer para llenar este vacío que me dejas. Que nos dejas a todos. Has demostrado ser mucho mejor, mucho más inteligente y mucho más humana que la mitad de las "personas" que conozco. Te llevas contigo secretos que nadie sabe, confesiones que nadie conoce, momentos de angustia, felicidad, rabia, tristeza, discusiones, alegrías.

Quiero que sepas que nunca, absolutamente nunca te voy a olvidar, que cada día te quiero un poco más y que así va a ser siempre. Siempre vivirás en mi corazón.

Me trajiste la felicidad un 15 de julio de 2004 y te la llevaste contigo un 15 de marzo de 2012.


Espero que allá donde estés nunca te olvides de mí y que seas feliz.


Descansa en paz, Luna.

Te quiero más que mucho.

Esther.

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