Me llaman distraída, soñadora y torpe. Pero tú puedes llamarme...

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Todos y cada uno de nosotros tenemos dos caras, si no son más. Ewinor es mi segunda cara desde hace siete años. Siete años en los que he nacido, he crecido, he muerto y he vuelto a nacer, gracias a escribir, gracias a este blog donde se encuentra mi esencia, donde desnudo mi alma en cada frase; mi yo más oscuro, más pesimista, más tierno, más fuerte y por qué no decirlo, mi yo preferido. Siete años que me han hecho más fuerte y un poco más rara, si cabe. Éste es mi rincón secreto que por alguna razón siempre he querido compartir. ¿Y yo, qué soy? Yo soy todo lo que escribo, y lo que escribo es lo que soy.

26.1.16

Vacíos

Mejor no abras los ojos, nada de lo que veas va a ser real. No creas lo que ves a través de ellos, todo es falso, todo está mecanizado, manipulado. Las personas no existen, tan solo son fotocopias que se mueven de un lado para otro intentando dar vida a un mundo muerto.

No escuches, no te creas las palabras que oyes. No hagas tuyo un “te quiero”, porque nadie siente. En este mundo que te rodea las cabezas están huecas y los corazones vacíos. Fríos, como las caricias que erizan tu piel. Tan solo son manos de acero jugando entre tus piernas a ser Dios, y tú no crees en él.

No te enamores de ese perfume que te agita la sangre, pues es más artificial que el sabor del beso que se da por rutina.

A qué aferrarse entonces, te preguntarás. ¿En qué o quién puedo confiar?


Quiere y cree lo imperfecto, los impulsos y la locura. Cree en lo natural y en lo atípico. Cree en quien te demuestre los “te quieros” y no al que te los susurre bajito al oído. Quiere a quien sea capaz de tatuar tu nombre a fuego en su pecho, y sobre todo y ante todo, ama a quien consiga hacerte reír aun estando enfadado.


Esther

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