14.3.16

Rosas

Los días rieron, con esa sencillez que llena una mirada.

Esos días que discurren entre el decir y el callar, más sus pasos, que no se oían;

ella temblaba frente al tiempo y él... él nada sabía. Buscaba encontrar una sola razón para seguir amando la vida.

De él, tantas cosas, que todas resumían una única razón: quererle, hacer latir su corazón. De ese modo en que no se alcanza, sino pasiónun instante nada más y despertar juntos entre sábanas y sudor.

La apagada tristeza la llamaba por su nombre. Un nuevo amanecer herido de esperanzas rompía su vida, imponiendo un silencio aterrador.

Son adioses, que tras el camino, se traducen en huida y ausencia, en silencios que culminan en dolor, en labios mudos que, por miedo, no permiten salir su voz

Dolía cada instante. Él supuso poco. Sentía que se alejaban poco a poco su perfume y su color, como una nube que oculta los rayos de sol, y el lento latido de su cuerpo frágil se agotó.


Aquí, junto a su pluma duerme su corazón. Con pudor él lo sostiene, y en la otra mano una flor; la misma que hace tiempo le negó. Demasiado tarde quiso demostrarle su amor.


Rosas de dolor, que poco a poco el tiempo marchitó.

Esther

15.2.16

Amor Eterno

Como el rugido de los truenos bajo cielos turbulentos,
como el bramido de los bosques moribundos por incendios,
como el canto de la sirena que sueña con mecer su pelo al viento,
como el latido que hace eco en mis venas y en mi pecho,
como el “te quiero” en susurro que estremece el pensamiento,
te amaré, Amor, más allá del tiempo…


Te amaré aunque me duelan tus suspiros y silencios,
te amaré aunque no hagas tuyo mi deseo ni el desvelo,
te amaré sin plantearme conciertos ni acuerdos,
te amaré sin razones, sin esperanza, sin tu aliento,
te amaré sin recuerdo, olvido, ni conocimiento,
te amaré, Amor, más allá de un sentimiento…


Enamorada del Amor a ti me entrego:
no importa si no existes,
ni si solo eres sueño,
por ti, seré Amor Eterno.



Esther

26.1.16

Vacíos

Mejor no abras los ojos, nada de lo que veas va a ser real. No creas lo que ves a través de ellos, todo es falso, todo está mecanizado, manipulado. Las personas no existen, tan solo son fotocopias que se mueven de un lado para otro intentando dar vida a un mundo muerto.

No escuches, no te creas las palabras que oyes. No hagas tuyo un “te quiero”, porque nadie siente. En este mundo que te rodea las cabezas están huecas y los corazones vacíos. Fríos, como las caricias que erizan tu piel. Tan solo son manos de acero jugando entre tus piernas a ser Dios, y tú no crees en él.

No te enamores de ese perfume que te agita la sangre, pues es más artificial que el sabor del beso que se da por rutina.

A qué aferrarse entonces, te preguntarás. ¿En qué o quién puedo confiar?


Quiere y cree lo imperfecto, los impulsos y la locura. Cree en lo natural y en lo atípico. Cree en quien te demuestre los “te quieros” y no al que te los susurre bajito al oído. Quiere a quien sea capaz de tatuar tu nombre a fuego en su pecho, y sobre todo y ante todo, ama a quien consiga hacerte reír aun estando enfadado.


Esther