29.10.12

Guerra de nadie


Suspiros que salen de su boca cada vez que recuerda sus ojos, cada vez que al bajar los párpados imagina su voz afónica entre el cuello y la oreja. Dos armas letales que ella nunca vio como amenazas.

¡Qué ingenua! Nunca se le hubiera pensado por la cabeza que aquello que cada noche le hacía soñar y tocar las nubes con los dedos, cualquier día haría que las lágrimas rodaran rostro abajo hasta recubrir sus labios con un amargo sabor salado.

Una pistola invisible apuntaba a su sien, ignoraba que estaba condenándose a sí misma. Que iría de cabeza a una muerte segura. Cada “te quiero” era una bala que cada vez costaría más arrancar del corazón.

¿Qué hará ahora que la guerra ha terminado? ¿Cuál de los dos bandos ha salido ganando? Quizás no debió cerrar los párpados y subir a su nube. ¡Si fue culpa suya! Él le advirtió que los pies en la Tierra es donde mejor están -el que avisa no es traidor, dicen-.

Él sostenía la pistola, pero no puede culparle. ¡Fue ella misma la que decidió apretar el gatillo! ¿Qué hará ahora con las balas? Quitarlas una a una duele demasiado. Dejar que permanezcan no dejará sanar la herida. Pero ella ya está acostumbrada al dolor, ¿o no? Al fin y al cabo parece que le busca las cosquillas.

Sácate esas balas, que no te pertenecen y olvídalas en un rincón.

Esta guerra no era tuya.

Ewinor

9.6.12

Al ver amanecer

Como tantas y tantas noches,
hoy apareciste en mis sueños,
como tantas y tantas noches,
tus manos entre mi pelo.

Un suave susurro al oído,
como a una sonrisa un llanto.
"Yo también te sueño, princesa,
sellemos hoy nuestro pacto".

Y a las lágrimas de mis mejillas,
les suceden al fin tus labios,
fríos y dulces como la nieve,
tan esperados como el verano.

Más al vuelo de la mariposa,
le sigue, callado, un mal presagio;
tres espinas, cuatro rosas,
siete pétalos y un rayo.

A lo lejos desvaneces,
y sigo llorando, sigo llorando,
porque al ver amanecer,
nunca despierto a tu lado.

Ewinor

6.6.12

Echo de menos

Sigo aquí helada de frío,
¿cuándo dices que venías?
En el cielo veo estrellas,
que deslumbran todavía.

Ellas no han visto tus ojos,
rebosantes de alegría,
ni tu tacto color bronce,
que la misma seda envidia.

Pero si algo echo de menos,
es tu voz en afonía.
Junto a un dulce ruiseñor,
canta en perfecta armonía.

Echo de menos tus labios,
por los que los míos suspiran,
echo de menos tu sonrisa,
causa y efecto de la mía.
Echo de menos cosas tuyas,
que nunca pensé que tendría.

De momento eres un sueño,
pero serás real algún día.

Te echo de menos a ti,
porque te quiero, vida mía.

Ewinor