26.1.16

Vacíos

Mejor no abras los ojos, nada de lo que veas va a ser real. No creas lo que ves a través de ellos, todo es falso, todo está mecanizado, manipulado. Las personas no existen, tan solo son fotocopias que se mueven de un lado para otro intentando dar vida a un mundo muerto.

No escuches, no te creas las palabras que oyes. No hagas tuyo un “te quiero”, porque nadie siente. En este mundo que te rodea las cabezas están huecas y los corazones vacíos. Fríos, como las caricias que erizan tu piel. Tan solo son manos de acero jugando entre tus piernas a ser Dios, y tú no crees en él.

No te enamores de ese perfume que te agita la sangre, pues es más artificial que el sabor del beso que se da por rutina.

A qué aferrarse entonces, te preguntarás. ¿En qué o quién puedo confiar?


Quiere y cree lo imperfecto, los impulsos y la locura. Cree en lo natural y en lo atípico. Cree en quien te demuestre los “te quieros” y no al que te los susurre bajito al oído. Quiere a quien sea capaz de tatuar tu nombre a fuego en su pecho, y sobre todo y ante todo, ama a quien consiga hacerte reír aun estando enfadado.


Esther

21.12.15

III.

Le hicieron elegir entre dos caminos y eligió no elegir nada.

Poesía

Estado insano,
del que no existe descanso, 
donde el corazón se desboca,
y el pensamiento ahoga al poeta.
La poesía es una ventana,
de mi rincón creativo,
que esconde una trampa,
tras pensamientos furtivos.

La poesía es una guadaña,
que desangra el alma, 
y saca de mis entrañas, 
pensamientos ilusorios.
Los desnuda ante una luz, 
y tortura sentimientos, 
haciéndolos llorar, 
y secándolos por dentro.

Es un vuelo de mariposas, 
intentando jugar con la brisa, 
que las ha de subir al cielo.
Es una nube que libera el agua,
que tristemente lleva dentro,
mientras emigra de lugar,
obligada por el viento.

La poesía es un dolor inmenso,
que hurga por dentro,
a la vez que intenta escapar, 
del sentimiento de pensar,
que la mantiene cautiva,
de la soledad de la poeta,
que se siente abandonada,
pero quiere verla viva.

La poesía es una bella flor, 
con infinidad de colores,
rociada de múltiples olores, 
que encandila a quien la ve,
hechiza a quien se acerca,
pero permanece en el acantilado,
orgullosa de ser salvaje.

La poeta intenta domarla, 
pero ella se niega.
Es esquiva como las olas,
que vienen y van a voluntad,
rompiendo espumas plata,
sobre arenas de humildad.
Finalmente vuelve al océano,
donde causa menos daño,
y con pesar y mucha pena
desaparece con su estela.


Esther