5.3.14

Cosas de palacio

Sentada desde su trono sonreía en penuria. Le venían a la mente imágenes de recuerdos rotos, noches oscuras teñidas por la luz de la Luna y la devoción de aquel campesino con el que tantas veces compartió su alcoba. La frescura y la sencillez con la que él endulzaba sus días más amargos.

Suspiró. Ese muchacho quiso mostrarle tantas cosas… voló tan rápido con ella que lo único que consiguió fue aumentar su miedo a las alturas. Cada día que pasaba, el lazo que mantenía sus manos unidas se deshacía un poco más, hasta que al final la princesa acabó por caer de la nube donde habían construido su castillo.

<< Las cosas de palacio van despacio
Que aunque más bonito que el ladrillo, 
el castillo de la nube no era más que una ilusión. 
Tú eras salvaje como la hiedra,
 y yo dócil como una flor. 
Que aunque tú me querías, 
lo mío no era amor.

Al fin y al cabo llevo vida de princesa y tú…

 mereces algo mejor. >> 


Ewinor

9.1.14

El juego caprichoso

Desde el tejado de su casa contemplaba la caída del Sol, como cada atardecer, y observaba uno a uno los silencios que éste tarda en despedirse. A menudo se preguntaba por qué la Luna era tan cruel, por qué ya no mostraba interés por él.

Lo cierto es que se le hacía complicado comprender eso de las relaciones. Se le hacía complicado, o quizás tan siquiera quería perder tiempo en entenderlo. Por eso se sentaba en lo más alto a esperar que algún día la gran estrella luchase por sobrevivir un poco más. O mejor dicho, alguna tarde; cuando llega el ocaso a nuestras ventanas y nosotros nos vamos a dormir sin darnos cuenta de que todo a nuestro alrededor gira en torno a este caprichoso juego. 

Le oye, le ve cada día sonreír, y por las noches comparte sus lágrimas invisibles ante los demás.

—No quiero irme –diría, si pudiera articular palabra-. No quiero irme...

Todo el mundo está tan distraído que nadie se da cuenta de la verdad. Agachan la cabeza y miran hacia otro lado, pensando que mañana todo será mejor, que algún día podrán sonreír igual que sonríe el Sol todas las mañanas, cuando su lucha se ve vencida y sale victorioso de la oscuridad, de las tinieblas. 

Ella ya no cuenta los segundos, sino los silencios que nadie dice, esos que nadie llora, esperando que en algún momento todo cambie. Un solo acto podría llevarla allí donde se esconde la Luna, o dejarla caer desde las estrellas. Una caída de años luz, mientras espera que llegue el momento de tocar suelo y que se abran sus alas para poder volar y olvidarse de todo. Escapar hacia la nada, hacia un lugar donde no se sienta ni se sufra, sino que se viva sin importar nada más. Puede que quizás haya perdido esa luz que le iluminaba, que le hacía ser especial y que tanta fuerza y esperanzas le transmitía.

Imagina por un solo momento que el Sol eres tú y podrás empezar a entenderla, a entender un poco más cada rastro de las cicatrices que recorren su cuerpo... Aun cuando lo hagas seguirás sin poder hablar de ella y su historia, pues las peores cicatrices no son las que se ven...

sino las que se llevan en el alma.

Ewinor

5.12.13

Otoño

Su mirada es un otoño, una danza de hojas que bailan alrededor de una viva hoguera. Un mar de leña que te quema el alma. Una vitrina que expone al mundo todo lo que su boca calla. Un escalofrío en la espalda cuando sientes que te observa. Un susurro al oído, una tormenta que aparece en sueños y revuelve tu cama. El misterio de una noche estrellada, luminosa y cansada… 


Eso es su mirada.


Ewinor


(Gracias por haberme mirado con buenos ojos tanto tiempo, pero la realidad es la que refleja el espejo).