5.12.13

Otoño

Su mirada es un otoño, una danza de hojas que bailan alrededor de una viva hoguera. Un mar de leña que te quema el alma. Una vitrina que expone al mundo todo lo que su boca calla. Un escalofrío en la espalda cuando sientes que te observa. Un susurro al oído, una tormenta que aparece en sueños y revuelve tu cama. El misterio de una noche estrellada, luminosa y cansada… 


Eso es su mirada.


Ewinor


(Gracias por haberme mirado con buenos ojos tanto tiempo, pero la realidad es la que refleja el espejo).

28.9.13

A-prender

Suaves melodías de piano se pasean por tus oídos. De golpe, esa calma estalla, las partituras arden y las líneas del pentagrama se calcinan. El endémico estío en el que estaba abstraída se resquebraja y el frío inunda cada poro.

Cómo actuar después cuando las pisadas se alejan y ya no existe el recuerdo que no traiga dolor. Refugiada en una jaula, prisionera, pero a salvo de la vida. Hibernan las emociones, muda de piel, vaga perdida en noches cerradas, entre labios, en busca de qué, de quién. Una ególatra intolerante a las caricias, una misántropa con alergia al amor. Todo es una tormenta efímera dentro de lo eterno que resulta el sufrimiento. Tras ello llega una calma, una redención y un folio en blanco.

Según se marchita el calendario, las penas se sobrellevan mejor y las alegrías son menos dinámicas, lo trivial pasa a serlo. No se puede desandar el camino andado y borrar huellas, ni colocar el acento en las palabras a las que les faltó énfasis, no es posible tachar momentos con bolígrafos de tinta negra, ni coger aquella moneda que yació resplandeciendo en el suelo… nada de eso está ya al alcance de su mano, tan solo cabe coger uno de esos bolígrafos y escribir su propia historia con ojos al futuro, aprendiendo del pasado

Apretar el puño, exprimir la vida con ímpetu y vivir con el acierto que faltó en aquel instante, 


ése que le ha hecho hoy ser quien es.

Ewinor

7.6.13

Incertidumbre

Tan inestable como una balanza, tan peligrosa como cristales rotos, despiadada como el azar.

Les miras y rompes a llorar por dentro. Las lágrimas no se ven, mostrarte débil no es una opción. El llanto se ahoga entre el humo de las fotografías que todavía arden al fuego, las miradas se cruzan buscando respuestas que no tienen preguntas a las que responder.

Lanzas una moneda hacia el ocaso y en tu mano siempre cae la cruz. Antes de echarlo a suertes ya sabías que la vida nunca te sonríe, la esperanza hace tiempo que te dijo adiós y tú misma te encargaste de romper en pedazos ese pasado que ahora echas de menos.

Todos ellos perecieron bajo la sombra del error, se perdieron entre los escombros que un buen día decidió dejar la vida. Qué poseen, de qué carecen… preguntas vanas, pues hace tiempo que nada es tangible.

Cuentan que algunos han llegado a morir ahogados en su reflejo. No por pecar de ilusos, sino por demencia, por querer recuperar el brillo de sus ojos en ese océano que atrapa a sus demonios interiores. Algunos ingenuos llegaron a pensar que la realidad estaba en su espejo y que todo sería tan efímero como el tiempo que tardaran en decidir apartar sus ojos del cristal.

Se equivocaban. La tortura es permanente, el pasado es el peso en los hombros que aniquiló a un futuro incierto y que es sostenido por un presente cansado y dolido.

Pero nada de esto es apreciable. Al otro lado muestran caras maquilladas con sonrisas que duelen más que llantos. Engañar es fácil, pero mentirse a uno mismo es lacerante. Todos pintan la felicidad, pero pocos lo hacen por inspiración, la mayoría plagian lo que ven, lo que les han contado antes de irse a dormir, antes de cerrar los ojos, antes de regresar al otro lado, al que no se ve… 

ése donde solo se llora.

Ewinor