22.2.26

Desde la grada

Estábamos arriba.

No en el centro del ruido,
sino en ese lugar elevado
donde todo se ve mejor
y todo se siente un poco más despacio.

La música llenaba el aire
como si alguien hubiera decidido
decir en voz alta
lo que otros no saben pronunciar.

Yo estaba a tu lado.
Cerca.
Tranquila.
Sin heridas abiertas.

Y, sin embargo, había una expectativa pequeña
como una cerilla encendida en la palma.

Hay frases que no piden aplauso,
piden gesto.

Cuando desde el escenario sonó
“haz lo que quieras conmigo”,
sentí que algo en mí se inclinaba hacia ti.
No por necesidad,
sino por reconocimiento.

Antes eras tú quien buscaba el contacto,
quien convertía cualquier canción en pretexto
para rodearme.

Yo aprendí después.
Aprendí cuando ya no insistías tanto.

Anoche no faltaba nada.
No había distancia real.
Solo ese instante diminuto
en el que imaginé tu brazo acercándose
sin que yo lo pidiera.

Y cuando la voz dijo
“conmigo no lloras”,
pensé en todas las veces
que tú me sostenías sin dramatismo,
sin ruido,
solo estando.

No ocurrió el gesto que imaginé.

Tampoco pasó nada grave.

Pero me descubrí esperando
como quien mira el horizonte
sabiendo que el mar está ahí,
aunque no siempre haga olas.

Desde la grada, todo parecía sincronizado:
luces, voces, manos en el aire.

Dentro de mí, en cambio,
había una pregunta silenciosa:

¿seguimos escuchando la misma canción
de la misma manera?

No me sentí sola.
Me sentí consciente.

Consciente de que ahora soy yo
quien entiende el idioma del roce,
quien traduce los versos en piel,
quien imagina un abrazo

cuando la letra se vuelve frágil.

Y tú estás.
Siempre estás.

Solo que ya no buscas el contacto
como si fuera urgente.

Quizá el amor no se ha ido.
Quizá solo ha cambiado de volumen.

Pero hay momentos —breves, casi invisibles—
en los que echo de menos
esa versión tuya
que no dejaba pasar una canción
sin convertirla en abrazo.

Y desde la altura de la grada,
mientras cantaba Walls sobre equivocarse queriendo,
pensé que a veces amar
es exactamente eso:

esperar un gesto pequeño
que no es imprescindible,
pero que lo cambia todo.

Esther

Valiente

La sonrisa nacida de la tristeza,
es un milagro en medio del abismo,
una luz temblorosa que resiste,
cuando el alma grita en silencio.

Es el gesto más valiente,
el disfraz de quien se rompe por dentro
pero decide amar otro día,
aunque el corazón esté hecho ruinas.

Porque hay quienes,
aun cargando tormentas,
dibujan esperanza
con la tinta del dolor,
y en ese acto frágil,
encuentran su verdad.

Esther

9.12.25

La casa de los hilos invisibles

Dicen que cada relación es una casa.
La nuestra nació pequeña, un refugio tibio tejido con manos tranquilas. Él llegó con su calma habitual, como quien entra descalzo para no molestar al silencio. Yo abrí las ventanas para que entrara la luz, para que los días respiraran.

Él es bueno —muy bueno—, y en su bondad hay algo que a veces me derrite. 
Tiene esa quietud que parece un abrazo, esa forma de mirar que no empuja ni exige, que sólo acompaña. A su lado, a veces siento que el mundo podría ir más despacio.

Pero nuestra casa tiene hilos invisibles.
Son tan finos que nadie los ve… excepto yo, que los sostengo.

Cada mañana recojo uno: el del desayuno que nadie prepara.
Luego otro: el de la ropa que se acumula.
Otro más: el de recordar lo que él olvida.
Y así, uno tras otro, como quien teje un telar interminable, voy sosteniendo paredes que él no nota que se inclinan.

A veces, en nuestra casa, hay gestos diminutos —lucecitas que titilan apenas— que pasan desapercibidos para él.
No es que no quiera verlos; es más bien que camina con una calma tan amplia que algunas cosas se quedan quietas a su paso, esperando a que alguien las nombre.
Y yo, que tengo el oído acostumbrado a los susurros del día a día, recojo esas pequeñas voces antes de que se pierdan, las ordeno, las sostengo, como si de mí dependiera que nada se apagara.

A veces me siento
la única arquitecta de este hogar silencioso.
A veces me pesa.
A veces no puedo más.

Y sin embargo, cuando él sonríe, hay un rincón de la casa que vuelve a encenderse sin esfuerzo.
Cuando me abraza, los hilos aflojan un poco, como si recordaran por qué los sostengo.
Hay dulzura en él, aunque no venga envuelta en gestos perfectos.

Pero también hay miedo en mí.
Miedo a que esta casa que levantamos s
e construya sólo con mis manos.
Miedo a estar remendando siempre lo que él ni siquiera sabe que está roto.
Miedo a que un día mis dedos se cansen del telar y me quede mirando los hilos caídos, sin fuerzas para volver a levantarlos.

Quiero creer que algún día él verá los hilos.
Que entenderá que el amor no sólo se siente, también se cuida, se sostiene, se comparte.
Que las casas viven mejor cuando dos personas cargan juntas el peso de sus paredes.

Mientras tanto, sigo aquí, en esta casa nuestra.
Lo quiero con ternura, pero también con preguntas.
Y entre el amor y el cansancio, avanzo…
deseando que un día, cuando yo afloje los dedos, él también empiece a tejer.

Esther

Y a veces, me siento invisible como esos hilos. Siento que donde antes me veía, ya no me ve...

23.8.25

La duda en tus pupilas

Hace tiempo que no veo mi reflejo en tus ojos.

Antes me bastaba mirarte para saber que habitaba en ti, como si tu mirada fuese un espejo secreto donde encontraba certeza. Ahora dudo: ¿sigues guardando mi nombre en tus pensamientos, o me he convertido en un huésped olvidado?

Hay noches en las que repaso tus gestos como quien revisa una fotografía gastada, intentando adivinar si la sonrisa era para mí o para alguien que ya no soy. Te observo y me pregunto si tus silencios son descanso o distancia, si tu roce es rutina o todavía deseo.

Recuerdo cuando tus palabras eran refugio y no enigma, cuando me bastaba con escuchar tu voz para sentir que el mundo se acomodaba a mi alrededor. Ahora cada frase tuya parece medir una frontera invisible, y me descubro intentando cruzarla sin permiso, buscando grietas donde entrar.

A veces me sorprendo buscándome en ti, como quien busca un eco en un valle. Y temo que la respuesta sea el vacío, que la ausencia se haya instalado sin anunciarse. Quizá ya no soy melodía, quizá me he vuelto ruido, o tal vez eres tú quien ha aprendido a escuchar el silencio sin miedo.

Me aferro a los recuerdos, a esos instantes donde no había duda: la risa compartida en la madrugada, enhebrar nuestros brazos en mitad de la calle, la forma en que tus ojos me detenían como si todo lo demás fuese prescindible. ¿Dónde quedaron esos fragmentos? ¿Siguen escondidos en algún rincón de ti o ya los has dejado marchar?

Y aquí me encuentro, suspendida entre certezas pasadas y sospechas presentes, preguntándome en silencio si todavía brillo en tu mirada... 

o si simplemente me he vuelto invisible ante ella.


Esther

11.8.25

Raíces en el vacío

En este mundo sin brújula, donde los mapas se deshacen entre las manos, aprendemos a caminar sobre preguntas. El caos no es solo ruido: es el silencio demasiado denso de todo lo que podría ser y nunca fue. Y sin embargo…

Ahí reside el acto más íntimo de rebeldía:
Plantar un gesto de sentido en tierra baldía.
Mirar al abismo y nombrarlo "espejo".
Sentir el peso del tiempo y, en lugar de huir,
esculpir con él una figura que se parezca a la verdad.

La vulnerabilidad no es nuestra condena, sino el único material indestructible que poseemos. Ser frágil es tener la piel lo suficientemente fina para sentir el roce del misterio. Por eso, cada herida es también una grieta por donde se cuela una luz antigua, testaruda, que nadie pidió pero que insiste en recordarnos:

"Estar roto no es estar derrotado.
Es estar abierto."

Y en ese estar abiertos (desgarrados, sí, pero vivos) descubrimos que hasta la sombra más negra es prueba de que, en algún lugar, arde un fuego. No importa si es pequeño: su mera existencia es un desafío tallado en la oscuridad. Un "aquí estoy" escrito con tinta de resistencia.

Por eso escribo.
No para que me escuchen,
sino porque en el acto de trazar estas letras,
algo en el universo se estremece y reconoce:

"Existo".

"Escribo no para ser leída,
sino para que las palabras
me recuerden que existo."


Esther


19.1.23

Frío Enero

Ya perdió la esperanza de salir de su laberinto. Por más que intentaba buscar la puerta de salida, siempre acababa en la puerta de entrada. 

Una vorágine de sufrimiento, dolor que se metía en lo más profundo de su ser, como el frío de enero. Lágrimas que ardían deslizándose por sus mejillas. Pensamientos que paralizaban cada célula de su cuerpo. 


Pesadillas propias del cine apocalíptico.



Esther

Horfandad

Versos escondidos entre las entrañas de la muerte triste, 
donde el amor guarda los secretos mudos, 
secretos sin tiempos, 
llenos de preguntas que nunca serán respondidas. 

Recuerdos de un alma llena de sombras 
que vagan en un plano donde el cuerpo ya no importa. 
Un grito que se llena de vacío y dolor, 
junto a una cruel confesión... 

clavada en un corazón agonizando.

Esther

19.11.21

X.

Sabía que su futuro estaba perdido, 
pero al menos no podían robarle el pasado.

Esther

18.7.20

Sonámbula

Los días se desvanecen en un instante breve y momentáneo, ya no ignoro todas mis señales perdidas. Creía entender el mundo como era realmente pero su llegada me atormenta, y pese a todo...

Me creía más fuerte, extenuada por esta época que nos ha tocado vivir. Mis heridas se abrían para él, ¿no debería dejarme llevar?

El viento sopla hacia el Este, viento de risas y caricias.
Me tambaleo peligrosamente.

Soy sonámbula.
Mi sueño se convierte en silencio, y yerro sin él.
Las dudas de una incrédula se pierden en la noche.

Y cuando él me abraza, ya no me siento cobarde. Los retos de otro tiempo me parecen lejanos, y pese a todo, sé que este trance puede destruir para siempre las esperanzas de una vida sembrada de remordimientos.

Pero cuando él me mira, siento mi corazón debatiendo. Estar sin él, es una muerte que se anuncia lentamente.

El viento sopla hacia el Este, el océano me acuna.
Me tambaleo suavemente.

Soy sonámbula.
Mi sueño se convierte en silencio, y yerro sin él.
Las dudas de una incrédula se pierden en la noche.


Ya todo se ha decidido.
Sólo vivo de ideales, de palabras rotas.
Intento sentirme completa bebiéndome un peligroso cóctel de amor y engimas.


Esther

22.5.20

Raíz

« Brilla tanto su mirada, y de una forma tan sutil que, por un momento, creo comprender el lenguaje de las nubes. El terciopelo de su voz sobre el silencio se convierte gustosamente en mi idioma oficial. »

Me gustaría explicarte que, en un suspiro tuyo, mi conciencia se pierde. Concentrar en un beso todos los poemas que te debo y no me salen. Dejar de pagar contigo las heridas de mi piel. Pero, se me hace un nudo en la garganta y tan solo me siento capaz de observarte mientras respiras nervioso.

Quisiera que fueses quien me abrace esta noche, quien apriete su pecho contra mí. Solo por un momento, hoy, dejaría de sentir dolor y la calma volvería a allanar el camino que pisamos.

Cómo explicarte que la paz es tenerte cerca, respirando en silencio. Protegiéndome con tu mera existencia de todos los bombardeos que ahora amenazan.

Quizás no seamos pájaros, pero se nos da bien volar lejos cuando la llama crece dentro. Volvemos a sembrar después de cada incendio. Ojalá las tormentas jamás consigan derribarnos, que sepamos aguantar nuestro reflejo sobre los charcos.

Y guardarte como se guardan los tesoros. Componer canciones que alejen los fantasmas y nos sirvan de guía en esta historia. Que todos los caminos que andemos nos permitan encontrarnos. Que en las noches frías sigamos sirviéndonos de abrigo para seguir viendo en las estrellas mapas de lo que queda por caminar.

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Que sigas siendo mi raíz, para que cuando me abraces me sigan creciendo flores en las manos.

Esther

16.4.20

Mi sombra

Quizás no sea bueno tanto caos dentro de mi cabeza. Salir a beber del aire y darme cuenta de que lo único que me da es más sed.

Mirarme en silencio y comprender que todo lo que soy ya no está, se desvanece. Nunca soy la misma persona. Aclaro conmigo mis errores -que no son pocos-. Los aciertos a veces los guardo y me contagio de virtud.

No sé la mitad de las cosas. La otra mitad hago como que me las creo. Pienso que morir pensando es morir viviendo.

Y salgo a pasear, una y otra vez... Sin rumbo. Pensaba en el mañana y mis conversaciones internas sobrevivían a un mar de lágrimas. Corría la gente incansable, como nunca antes la había visto. A veces miraba las huellas que dejaban tras de sí, su locura que quedaba impregnada en el aire y sus sombras dañadas por el tiempo.

Yo corría sin aire. Sin aire y sin aliento corría delante del miedo que me perseguía. Inútil. Inútil mi esfuerzo por huir del miedo. Corría cuesta abajo y sin frenos. Tras bajar la colina, miré a mi alrededor y me percaté de que estaba sola, nada ni nadie me perseguía, tan solo era mi sombra.


Esther

14.4.20

No sé

Quizás mis letras no sepan a Neptuno,
no te muestren las estrellas, 
ni te marquen con tinta el infinito.

Es posible que mis poemas no te hagan vibrar,
no te llenen de lágrimas los ojos,
ni te hagan pensar en nosotros.

Tal vez te quiera con lo único que soy,
y quiera regalarte el universo,
aunque solo te dé mis noches sin luna,
y mi sol de otoño.

Seguramente no te quiera como quieres,
y aunque intente darte todo...
todo lo que tengo es nada.

Posiblemente mi risa se contagie de la tuya,
y me guíe de ella para encontrarme si me pierdo,
o si nos perdemos.

Y no es que mis ojos tengan la mirada perdida, 
es que no se ubican sin mirarte.

Supongo que en mi piel no dejan marca los ángeles,
pero me haces creer que existe el cielo.


Esther

10.2.20

Escribiremos

Un nuevo día ha empezado, 
despiertas a mi lado, 
respiras lentamente...

Cuando se disipa mi bruma,
en sueños me susurras que,  
añoraremos este presente.

Las casualidades son las que nos han traído a vivir este momento, 
a pesar de los contratiempos... Si me esperas, allí fuera, cantaremos.

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Escribiremos, que todo no será fácil,
cantaremos nuestra vida en un papel.
Nos iremos con los días regalados, 
y la sonrisa de lo que pudo ser.

Escribiremos, que todo no será fácil,
cantaremos nuestra vida en un papel.
Nos iremos caminando a las estrellas,
y la ilusión de lo que pueda ser.

Ahora que me he cansado,
que no te tengo a mi lado
no sé quien debo ser.

Busco en un cajón las miradas escondidas, las pupilas encendidas, 
es lo que necesito ver... Si me esperas, allí fuera, cantaremos.

Escribiremos que sí que va a ser fácil,
te estoy cantando nuestra historia en un papel.
Nos iremos recordando nuestros días, 
con el grito del que acaba de vencer.

Escribiremos que sí que va a ser fácil,
te estoy cantando nuestra historia en un papel.
Nos iremos agarrados de la mano,
para nunca dejarnos caer.


Esther

7.11.19

Relatividad

Quizá exagere cuando diga que el mundo me parece un lugar habitado por millones de exagerados. Quizá peque de sincera, o quizá me sincere y reconozca que el pecado me divierte. Quizá mi destino sea creer en la casualidad, o puede que el azar me hiciese creer en el destino. Puede que esté enamorada de la idea del odio o puede que realmente odie la idea de enamorarme. Tal vez algo dentro de mí tenga miedo a ser valiente, o quizá sea ese mismo miedo que siento el que me da el valor que mis lágrimas no tienen.

A veces siento que no siento nada y me da por pensar que tal vez sea una persona poco cuerda, pero con mil cuerdas que me atan a mis demonios que aunque quizá no entiendas, sacan lo mejor de mí.

Puede que tanta honestidad me lleve algún día a admitir mis mentiras, pero ¿mentiría si admito no ser honesta? Todo es relativo y mi  teoría de la relatividad tiene fugas. Así que por qué no fugarnos a ningún lugar y darle luz. Las situaciones complicadas no son las más difíciles, si no ¿cómo explicar que sean las cosas sencillas las que no entendemos? A veces desearía no desearte tanto. Miedo a no tener miedo. Siento que no siento nada, que soy hielo que abrasa la piel de otros. 



Si el silencio mata… prefiero que te calles.


Esther

29.8.19

Azul

De pronto el reloj parece pararse y el azul de sus ojos me congela en ese amanecer. El horizonte de la suerte sale por la ventana y la noche se esconde bajo su piel.

De su mano he visto cómo el mar ahogaba de una forma bonita la arena.

Su pelo se enreda entre mis manos al igual que se ahoga mi boca en suspiros de miel. Sus manos aprietan las mías y mis brazos lo acogen sin temer.

De su mano he visto la parte de la luna que ella nos oculta.

El humo de su cigarro se disipa en el aire mientras me pierdo en él. En él, que me hace sentir de nuevo las risas que se perdieron en el carrusel.

De su mano mis demonios por fin se calman.

Sus labios me sonríen cuando estoy muy cerca y el nudo en mi garganta casi me hace desvanecer. Entiendo entonces lo falso que fue pensar que antes sabía querer.

De su mano, el dolor duele menos.

Nunca antes había escuchado al mundo así romperse, ni una mirada brillar tanto como aquella que tiene cuando aparta mi pelo y logra besarme la frente. Y otra vez.

De su mano el caos se vuelve quietud.

Y otra vez. Y otra vez. Bajo su sonrisa me protejo y puedo, por fin, dejarme caer. Porque al borde del precipicio aprendí lo que significa querer.


De su mano el mundo me parece una canica y juego con él.

Esther

2.12.18

El ancla

Deja que la muchedumbre haga ruido, 
deja que las alarmas suenen. 
Ya no importa, porque tú eliminas todo el ruido.

Deja que los días sean oscuros, 
déjame llorar bajo mis sábanas. 
Ya no importa, porque tú iluminas la oscuridad.

Eres la luz que me ciega, el ancla que he atado a mi cerebro y corazón.
Porque cuando siento que estoy perdida en medio del océano, 
eres la melodía que repito una y otra vez. 

Deja que el fuego prenda llama,
déjame quemar todos mis recuerdos. 
Ya no importa, porque tú curas mi miedo.

Deja que los años pasen, 
deja que el tiempo avance rápido. 
Ya no importa, porque tú paras el tiempo.


Esther

12.11.18

Cada día duermo más

Últimamente me repiten mucho que me paso el día en la cama, y no es por gusto, no es capricho. Es que cada día duermo más y sueño menos. Supongo que es un mecanismo de defensa que me permite no pensar más de la cuenta.

Siento que tengo las rodillas ensangrentadas de gritar en el suelo. Ya no me quedan uñas para arañar, ni dientes para morder. No me queda voz para gritar. Y mis lágrimas se secan ¡y yo quiero llorar! Necesito llorar

Tengo miedo porque estoy rota y, siendo sinceros, nadie quiere una muñeca rota. Yo sola me dejé romper... me han matado. He de vivir con cicatrices tatuadas, cicatrices que no sanan. Cicatrices que se ven, y otras que se sienten. Cada segundo que estoy sola, pienso. Y si pienso... los recuerdos hacen eco en mi cabeza y el miedo me invade. Cada día nuevas imágenes pasan ante mis ojos, imágenes que había olvidado, momentos en los que una sola frase me podía convertir en el ser más pequeño del planeta. Y gritos, llanto y... soledad. Vacío. 

Quizá una muñeca solo puede ver la realidad cuando ya está rota del todo. A pecho descubierto, a brazo partido, a ojos ciegos... con el corazón en la mano. 

Rota en pedacitos, así me siento.


Esther

30.4.17

Ni estabas, ni estarás

Contempló su regreso como quien espera una esperanza perdida, contemplando sus manos y su corazón vacíos con una sonrisa fingida.

7.3.17

IX.

Aprendió a coser con palabras, sentimientos que llegaban rotos al papel.

28.2.17

Adicción

El perfume alocado del deseo se confundía con el olor a tabaco que surgía de su piel desnuda, su boca exhalaba una neblina constante, trepando la carne de mis labios para descansar un instante en el ínfimo espacio que separaba el roce de nuestras lenguas. Aspiraba lentamente la nicotina alojada en sus pulmones mientras notaba el sabor de su saliva en mi paladar. Con la última calada maquillaba mi rostro antes de fundirnos de nuevo en el goce de la carne. Se empapaba mi piel resbalando gozosa sobre el sudor que emanaba del ardor de su cuerpo. Rendidos y satisfechos, compartíamos de nuevo cigarros, besos y caricias hasta quedar colmados de placeres. Abrazados, nos entregábamos al sueño reponedor, envueltos por la fragancia embriagadora del sexo y la nicotina...

... Medio sumida en un sueño repetitivo escribo estas líneas, parte de mi terapia para combatir la adicción. No puedo evitar que mi olfato se inunde de un perfume especialmente conocido.


"¿Qué me dices, compartimos un cigarrillo?"


Esther